"Queremos seguir estudiando para cumplir nuestros sueños"

“Echo de menos bailar porque aquí el baile está restringido. También echo de menos mi casa y a mis parientes... pienso mucho en volver a mi país”. Aluel

Aluel llegó con su familia a Barutuko cuando apenas tenía 10 años. Aún a día de hoy, 8 años después, conserva muchos recuerdos de su niñez en Juba (capital de Sudán del Sur).  Sigue echando muchísimo de menos su vida allí y recuerda con tristeza cuando ella y su familia se vieron obligadas a dejar Juba en el 2013. Tal y como ella misma nos cuenta, tuvieron que caminar casi 250 km a pie hasta encontrar un vehículo en el que viajar a la frontera. Antes de llegar a Adjumani, además, sufrieron un accidente de tráfico que, junto con las secuelas del conflicto y la violencia que vivió en su país, así como la incertidumbre y otras duras experiencias que tuvo durante el viaje, dejaron una dolorosa huella en los recuerdos de su infancia.

"Yo nací en el asentamiento y nunca he estado en Sudán del Sur, pero mis padres me cuentan sus recuerdos de cuando vivían allí”. Poni

Poni, sin embargo, nació en el centro de salud de Elema, hacia donde sus padres huyeron desde Sudán del Sur como muchas otras personas de la tribu Kuku. Elema es el asentamiento más antiguo del distrito de Adjumani, se estableció en 1992 y está compuesto en su totalidad por personas refugiadas de la tribu Kuku.  

En 2008 se produjo una repatriación desde distintos asentamientos de Uganda a Sudán del Sur, pero el grupo étnico de esta tribu se negó a ser repatriado. Y es que la prolongación de su situación de refugio ha generado importantes vínculos y redes comunitarias entre la población refugiada y la local, como la celebración de matrimonios mixtos o el aprendizaje de la lengua local, entre otros. Además, han podido tener acceso a fuentes de ingresos y emprendimiento. Todas razones más que suficientes para querer quedarse en los asentamientos. 

Poni y Aluel se conocieron en la escuela de Elema, ya que ambas estudian séptimo de primaria. Gracias a su maestra Harriet y a otras profesoras del centro están muy motivadas con los estudios, sobre todo con las matemáticas, que es la asignatura preferida de ambas. En el futuro Poni quiere ser economista y trabajar en un banco. Aluel, por su parte, sueña con ser médica y trabajar en un centro de salud porque admira al personal sanitario que atiende en los asentamientos.

“Mi profesora favorita es la señora Harriet, gracias a ella se me dan muy bien las matemáticas y me gustaría ser banquera en el futuro". Poni

"Quiero quedarme en la escuela y conseguir mi sueño de ser médica. Admiro mucho al equipo médico del centro de salud y al de la aldea". Aluel

Sin embargo, aunque las dos quisieran seguir estudiando para tener mejor calidad de vida y poder optar a mejores oportunidades laborales, el acceso a la educación secundaria es limitado, ya que no existen escuelas en los asentamientos de Barutuko y Elema, por lo que el alumnado tiene que viajar largas distancias. A esto se suma la falta de becas que apoyen los traslados y estudios de la juventud. 

Esta situación es especialmente difícil para las jóvenes, incluso para alumnas como Aluel y Poni que tienen muy buenas calificaciones, porque muchos padres no quieren escolarizar a sus hijas debido al bajo valor social que se le otorga a la educación de las niñas en la comunidad, los beneficios económicos de los matrimonios precoces, o el aporte que generan el trabajo doméstico o productivo infantil realizado por las niñas.   

“Me gusta jugar, pero debo ayudar a mi madre después de clase, ya que mi padre murió hace tiempo”. Poni

Lo que más le gusta a Poni es jugar al fútbol, al baloncesto y saltar a la cuerda con sus amigas del colegio. Pero después de clase, tiene que ayudar a su madre en las tareas domésticas y también en sus proyectos de generación de ingresos, que son vitales para cubrir las necesidades más básicas de la familia y mejorar su dieta alimenticia.   

Por su parte, Aluel participa en un grupo de danza tradicional, adora bailar, sobre todo canciones tradicionales dinka (grupo étnico mayoritario de Sudán del Sur). Pasa mucho tiempo ensayando para bailar en eventos y funciones comunitarias. Bailar le hace feliz. Sin embargo, también debe contribuir económicamente a la sostenibilidad familiar, apoyando cada día a su madre.

Ambas son un ejemplo de las muchas adolescentes y jóvenes que viven en los asentamientos del distrito de Adjumani, con muchos sueños y aspiraciones, pero también conscientes de su papel clave en el sostenimiento de la vida y el bienestar comunitario. Un presente que se entrelaza con un pasado propio o familiar cargado de dureza, violencia y vulneraciones graves de sus derechos humanos, que les obligó a huir de Sudán del Sur.