"Me tranquiliza que haya organización acompañando mi embarazo"

“Creo que tendré más energía y tiempo para trabajar cuando nazca mi bebé. Ahora mismo me resulta difícil hacer algunas cosas”

Gune huyó de su país con su madre, pero al llegar a la frontera las separaron. Hicieron todo el camino a pie, por lo que su mayor reto fue conseguir agua y comida. A su madre la trasladaron a otro campo de refugiados de Uganda, lejos de Adjumani, y desde entonces la echa de menos cada día.

Desde un inicio le costó adaptarse a la vida del asentamiento, sobre todo porque para ella no ha sido fácil conseguir un trabajo estable para mantenerse. Por eso, le gustaría regresar a su país con sus hijos en cuanto le sea posible. Cree que en Sudán del Sur tendrá más oportunidades de emprendimiento y empleo que en Uganda.

“En mi país puedes conseguir fácilmente cosas para vender y obtener dinero. Aquí encuentro muy pocas oportunidades además del carbón”.

En Uganda, el 90% de la población usa cocinas de carbón vegetal o leña, que se encargan de producir las poblaciones con menos recursos, como Gune. Por eso ella, para obtener algunos chelines y poder comprar productos básicos para el hogar, se dedica a producirlo. Lo carga desde el bosque hasta la carretera más cercana y lo vende allí, pero le preocupa mucho que las medidas para la conservación de bosques, así como la proliferación de cocinas mejoradas en la zona, afecten pronto a su negocio. 

Y es que, al igual que en muchos países de la región, la producción de carbón en Uganda produce un impacto considerable en el medio ambiente. La recolección incontrolada de madera contribuye a la deforestación, pues se estima que más de 80.000 árboles son talados anualmente. 

“Cojo agua de un pozo cercano y cultivo algo de agricultura en mi patio trasero, pero también dependo de la ración de comida y los suplementos alimenticios que nos dan las organizaciones a las madres y embarazadas”

Lo que Gune desea en realidad es trabajar en mejores condiciones, generando recursos suficientes para comer tres veces al día y poder enviar a sus hijos al colegio. Ahora, además del carbón, cultiva vegetales en el patio trasero de su casa. Esta pequeña huerta, que le proporcionó el gobierno cuando se instaló en Adjumani, le permite tener acceso a verduras frescas en algunas épocas del año.

No obstante, sigue necesitando las raciones de comida y también los suplementos alimenticios que le dan por estar embarazada ongd como Emesco, pues la prevalencia de anemia y desnutrición en mujeres embarazadas en los asentamientos es elevada debido al poco equilibrio y variedad en el consumo de alimentos.

“Aquí el hospital está muy lejos y no ofrece transporte a las embarazadas cuando van a dar a luz. Por suerte, hay organizaciones que nos aconsejan y nos apoyan, esto me da algo más de tranquilidad”

Uganda se encuentra entre los países del mundo con mayores tasas de mortalidad materna, neonatal e infantil. El 25% de las mujeres de 15 a 49 años mueren durante el embarazo, el parto o la cuarentena, y se estima que una de cada tres mujeres que sobrevive al parto queda afectada por la fístula obstétrica, una de las lesiones más graves que pueden ocurrir en el parto (se trata de un orificio entre el canal del parto y la vejiga o el recto causado por la prolongación de un parto sin recibir el tratamiento médico adecuado).

El distrito de Adjumani cuenta con un déficit crónico de personal y servicios de atención a la salud materno infantil, agravado por el alto índice de llegada de personas desplazadas, de las que un 86% son mujeres jóvenes, y la prolongación del tiempo que permanecen en el asentamiento.

Pero a pesar de todo, Gune prefiere confiar y no tener miedo, ya que está recibiendo acompañamiento y asesoramiento de varias organizaciones. Sólo desea dar a luz a un bebé sano y poder aspirar a un futuro mejor junto a sus hijos.